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“Soy cartagenera y vivo en Bogotá desde hace muchos años. Voy a Cartagena con frecuencia, visito a mi familia, recorro la ciudad; y aunque he perdido un poco de su cotidianidad, todavía guardo intacto el recuerdo de los años que viví en la casa de mis abuelos en El Cabrero. Tiempo real e imaginario que ha sido definitivo en mi memoria.

En ese tiempo, la vida en Cartagena era diferente; El Cabrero era un barrio pequeño y nuestros vecinos tenían orígenes muy diversos: catalanes, italianos, alguno que otro judío y un grupo de familias árabes que eran los inmigrantes más numerosos. Habían llegado a Colombia huyendo de la guerra y se habían dejado seducir por la ciudad. Sus costumbres eran diferentes, comían diferente, hablaban diferente. Hace unos meses, mi hermano me comentó que estaba muy afectado con la sorpresiva muerte de uno de sus compañeros de trabajo “…me preguntó por ti el otro día…” me dijo. No sabía de quién me hablaba, hasta que, en medio del relato, resultó ser uno de mis amigos de infancia. Aunque un poco borroso, el recuerdo de el turco -como despectivamente les dicen a los árabes en Cartagena- tomaba forma cuando evocaba su casa frente al malecón de Marbella; allí jugábamos hasta muy tarde y al regresar mi abuela preguntaba: “¿Muriel, qué hacías donde los turcos?” sospechar del Otro, se había convertido en costumbre. La discriminación del moro, del negro, del indígena, hicieron carrera desde la colonización española y son parte de nuestra herencia; pero a pesar de los prejuicios sociales y raciales de una pequeña burguesía blanca, que ignora peligrosamente que sólo aquellos pueblos que unen sus conocimientos y sus cuerpos, pueden evolucionar, los inmigrantes árabes inseminaron nuestra cultura y enriquecieron nuestro imaginario.”  Muriel Angulo 2008

 

Para ver el texto completo de la obra “Bled” 2008  http://murielangulo.com/Bled.html

 

 

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